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Saturday, August 31, 2013

Caminando por Isla de Mona en pantalones cortos, circa 1984 con la asociación de estudiantes de biología del recinto universitario de Mayaguez

Los pantalones y el calzado, "do not try this at Mona"
Foto usada con permiso de Gerardo Camilo

Hace unos días un amigo comentó sobre unas fotos que tome en Isla de Mona allá para la década de los ochenta y que están en uno de mis álbumes de Facebook.   En la foto, que está arriba, aparezco en la colonia de bobas de patas rojas (Sula sula)  que se encuentra en la cara norte de la Isla de Mona.   Un detalle particular de esta foto es que estoy en pantalones cortos y tenis.   En la siguiente historia explico cómo fue que esto llego a ocurrir.
Como saben los que han visitado Isla de Mona, la vegetación de la isla se distingue por la abundancia de plantas espinosas y venenosas.  No debemos dejar de contar las que aun no siendo ni venenosas ni espinosas, tienen unos tallos y ramas leñosos que te laceran la piel si ocurre un leve roce.  Jamás me habían preguntado cómo era posible que alguien hubiera llegado a un lugar tan remoto de Mona, en pantalones cortos, en unos tiempos en que, para los acampadores, no había nada que se asemejara un camino para llegar al lugar. 
En adición a lo hostil de la vegetación, está el detalle de que la superficie misma del camino está compuesta de caliza erosionada por los elementos y que tiene la forma que se conoce como “diente de perro”.  La caliza “diente de perro” es justamente temida entre los caminantes porque  destroza hasta el calzado más resiste y porque es capaz de infligir heridas cortantes a aquellos que tienen la desgracia de tropezar y caer sobre ella.
¿Entonces, como es posible que en varias ocasiones llegáramos, yo no era el único en pantalones cortos, a la colonia de Bobas sin más protección que unos pantalones cortos y unos tenis?
La razón es que la vegetación en el lado de noroeste de la isla (por lo menos en esos tiempos hace décadas que no paso por ahí) era extraordinariamente baja en estatura por una combinación particular de factores.    El primero de los factores es el viento.  El viento en el lado noroeste de mona viene del mar y es constante y en ocasiones fuerte.  Cuando uno camina al lado mismo del farallón, puede ver a las aves marinas acercarse al mismo desde el mar y ser empujadas por el viento hacia arriba cuando el viento choca con la pared del farallón.    En esta parte de la isla la mayor parte de la superficie es roca caliza, el suelo se encuentra aquí y allá en pequeñas y medianas oquedades en la superficie de la roca.  Es en estos “bolsillos” de suelo donde la mayoría de las plantas puede crecer.    A esto se suman temperaturas altas, resequedad y un nivel de exposición solar que retan severamente la fisiología de la mayoría de las plantas.   Finalmente, no debemos olvidar el impacto de las cabras salvajes.  En ese tiempo las cabras salvajes eran mucho, muchísimo más abundantes de lo que son ahora.  Una de
Ay que añadir que aunque la vegetación era de baja estatura, esto no significaba que algunas las plantas fueran pequeñas.   Recuerdo mi sorpresa al descubrir que algunos árboles habían crecido hacia el lado siguiendo el contorno de las irregularidades del terreno para extender sus ramas.  Por lo tanto, lo que a primera vista parecía ser una serie de arbustos en realidad eran las ramas de un mismo árbol.
Los arbustos, algunos bastante substanciales, estaban separados por extensiones de piedra sin vegetación alguna, eso es, si no contamos a los cactus copo de nieve que en algunas partes crecían en gran profusión en los hoyos de la piedra caliza que tenían una mínima cantidad de suelo.   Un observador cuidadoso podía reconocer en la vegetación trillos de cabras que estas mantenían abiertos por virtud de un constante uso. 
Por todos estos factores, una persona segura en sus pies y con buena condición física, podía recorrer varias millas de la isla en el norte usando pantalones cortos y zapatos totalmente inapropiados para cualquier otra parte de la isla.  Si todo fallaba y la vegetación se tornaba impenetrable, siempre se podía recurrir al trillo de cabras que estaba justo al borde del farallón.   Esta singular ruta casi siempre estaba abierta pero la cercanía del borde del farallón podía causar un cierto nerviosismo hasta en el más valiente.   
Sin embargo, caminar por el noroeste de Mona en pantalones cortos no siempre terminaba bien.  En una de estas caminatas mi amigo Fermín termino con tantas laceraciones en sus piernas que hubo que confeccionar unos pantalones largos usando fundas de basura plásticas para protegerlas de la vegetación ya que el dolor de los cortes era casi inaguantable. 

Hace décadas que no visito el lado noroeste de Mona, así que no se si las cosas han cambiado.  Hace poco más de un mes visite el lado Noroeste y encontré a la vegetación más espesa y quizás más alta de lo que la recuerdo en mis primeras visitas a Isla de Mona en el principio de la década de los 80.  Sin embargo gracias a que se han abierto caminos entre puntos clave de la isla,  caminar es mucho más fácil, además de seguro, que en los tiempos de mis primeras visitas.

Pantalones largos, bien, tenis, mala idea!  Vea la caliza "diente de perro"
Otros camaradas en la cofradía de los pantalones cortos
Foto usada con permiso de Gerardo Camilo

Sunday, August 25, 2013

La boba prieta, Sula leucogaster, y la escalera del Terror


Durante la década de los años ochenta estuve visitando la isla de Mona todos los años a fines de mayo y principios de julio con el grupo estudiantil conocido como la asociación de estudiantes de biología del recinto universitario de Mayagüez de la universidad de Puerto Rico.    En uno de esos viajes para principio de los 80 visite la cueva del Lirio.  Justo debajo de una de las ventanas que miran a la costa de Mona, específicamente una desde las que se puede ver la playa de Pájaros, observe que habían unas bobas prietas anidando a cierta distancia debajo de la boca de la cueva (Sula leucogaster).   Las bobas estaban anidando directamente sobre la piedra caliza.  La piedra caliza sobre la que las bobas anidaban es una forma particular causada por erosión por la lluvia y los elementos y está cubierta de hoyos y filos.  Este tipo de caliza de llama “diente de perro” y es justamente temida por su capacidad de lacerar y herir a los que caen sobre ella.  Este tipo de caliza es notorio porque destroza lentamente (y a veces de forma no tan lenta) a todos el calzado que se usa para caminar sobre ella.

Las bobas que vi anidando eran de las primeras que había visto en tierra y me domino el deseo de acercarme a ellas.  Pero no parecía haber forma de bajar de la cueva hasta donde estaban las bobas, que era en una ladera en la cara del farallón.   Uno de mis compañeros me indico que justo debajo de la ventana que daba al mar, había una grieta en la que estaba encajada una viga que se podía usar para bajar a donde estaban las bobas.  La viga tenía unos pedazos de madera clavados a lo largo que formaban una primitiva escalera.  Sin pensarlo dos veces baje por la viga, que tengo que decir, no era exactamente una pieza de madera nueva.  Actualmente la idea de usar una cosa así para bajar unos ocho o diez pies verticales a una ladera rocosa con la consistencia de un enorme guayo,  me llenaría de espanto.  Pero en esos tiempos pesaba 130 libras, tenía la agilidad de un mono y una confianza sin límites en mi capacidad de lidiar con el peligro.

Esta foto fue tomada antes de que encallara el Alborada en Playa de Pajaros
Las bobas reaccionaron a mi llegada con cierto disgusto pero ninguna abandono su nido.   Pude notar que la ladera rocosa era virtualmente inaccesible desde el tope del farallón o la playa.  Me imagino que por eso las bobas la escogieron para anidar.  Para mi sorpresa también vi una iguana de Mona juvenil bastante pequeña, en esos tiempos ver iguanas juveniles no era algo común y corriente.    Le tome fotos a dos de las bobas. Ambas estaba protegiendo a su polluelos del intenso sol.  Siempre me he reprochado que no le tome una foto a la escalera.  Pero quizás fue lo mejor, si mis padres la hubieran visto les habría causado una apoplejía.  Me pregunto si alguno de ustedes, los que leen estas líneas, también recuerdan esa escalera en la cueva del Lirio.